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COLUMNA. Los reclutadores

Freddy Méndez, Director Creativo y fundador de LA*LIBERTY, comparte con Ultravioleta su columna titulada Los reclutadores y en la que nos revela sus reflexiones sobre las movidas publicitarias y las contrataciones dentro de las agencias, en donde según él los departamentos de “recursos inhumanos” y los altos cargos son constantemente seducidos por extranjeros.

Una persona hoy para ser contratada en una empresa debe pasar por una serie de inspecciones más azarosas que las de un viajero colombiano entrando dos kilos de harina pan a EE. UU.

Varios filtros de entrevistas con preguntas diseñadas para poner a dudar hasta al Papa Francisco, exámenes médicos, evaluaciones sicológicas, pruebas técnicas, presentación de caso hipotético, visita domiciliaria, polígrafo, referencias y una cantidad de papeles que ninguna grapadora de oficina logra atravesar; todo esto para una vacante de un millón –si es que se pasa el periodo de prueba–. Así es como los departamentos de recursos humanos se aseguran de llevar solo el mejor talento a sus empresas.

Para los altos cargos el proceso suele ser diferente. En algunos casos con una referencia bien calificada, un listado de premios –no importa si son de mentiras– y dos fotos 3 x 4 cm es suficiente. En otros, con solo un acento extranjero basta. En nuestro mercado laboral pasa casi lo mismo que en el fútbol.

Salvo contadas excepciones, por mucho tiempo llegaron a militar en nuestros grandes equipos jugadores que no alcanzaban ni a ser suplentes en los chicos de sus países, o que hicieron una carrera decente en Europa y venían a jubilarse con los ligamentos rotos. Se daba como hecho que si hablaba como Maradona debía jugar como él, o al menos mejor que el goleador del torneo local.

No tengo nada en contra de los extranjeros. Me ha tocado trabajar con algunos realmente brillantes y no es su culpa que nuestros reclutadores de talento (por ordenes de más arriba) sigan buscando afuera, lo que los de afuera vienen a buscar aquí.

En mi opinión, gran parte de la culpa por los estruendosos fracasos de los nombres de talla internacional que llegaron al país, pasa por los departamentos de recursos humanos, que nunca en sus procesos previeron los periodos de adaptación a una cultura y un mercado con condiciones tan particulares como el nuestro. A la hora de rendir cuentas, algunos oros en los premios y poquísimo dinero en los negocios.

Llama la atención que algunas agencias a pesar de las evidencias sigan empeñadas en repetir la fórmula, aún sabiendo que los costos de contratar talento en calidad de expatriado resultan ridículos, más en momentos tan complicados como los que vive nuestra industria.

Las consecuencias: empresas en quiebra, varios desempleados y prominentes carreras en entredicho; para los responsables del proceso de selección y reclutamiento, poquísimas.

La forma en la que se anuncian las flagrantes contrataciones, contrasta con el silencio de sus despedidas. Algunas de ellas a los pocos meses, sin ni siquiera permitir desarrollar el plan de trabajo para conseguir los objetivos trazados.

Ninguna indemnización alcanza para resarcir el daño hecho porque, no sólo se destruye una carrera, sino familias enteras. Se hizo costumbre contratar por capricho y despedir por deporte, sin el menor remordimiento y con la complicidad del departamento de Recursos Inhumanos, como con razón han empezado a llamarlo algunos.

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Recuerdo que uno de los mejores directores de arte que contraté, salió pésimamente evaluado en las pruebas que suelen hacerse durante esos procesos. Lo contraté a pesar de todo. Estuvo tres años conmigo, hizo un trabajo impecable y tuve que dejarlo ir ante una oferta que no podía dejarle rechazar.

Un redactor que contraté, por el contrario, tenía, según las pruebas, un ajuste del 98% al perfil que buscábamos. Resultó un desastre. No lo despedí porque también yo había avalado su contratación, era un buen tipo y me sentía de alguna forma responsable por su futuro. Lo entrené personalmente, aún cuando tuve que asumir algunos de sus proyectos. No llegó a ser el mejor, pero sin duda evolucionó y hoy sigue trabajando.

También recuerdo el día que me ofrecieron la dirección de una agencia en la que trabajé. Reemplazaría precisamente a un extranjero, que a su vez había reemplazado a otro, y apenas llevaba poco más de siete meses en el cargo. Empezaba un periodo turbulento por la presión de resultados y su personalidad amable, serena y bondadosa parecía no encajar con lo que la alta dirección buscaba en momentos tan apremiantes.

Yo acababa de presentar mi renuncia, tenía una gran oferta y estaba listo para tomarla cuando apareció el ofrecimiento. Algo que honestamente había esperado siete meses atrás y que ahora no era prudente aceptar. No por orgullo (como podría deducirse) sino sencillamente por respeto al que acababa de llegar, que dicho sea de paso, sería papá en los próximos días y resultó siendo uno de los mejores seres humanos que he conocido en este negocio.

Solo acepté el cargo luego que la agencia también aceptó mi solicitud de reubicar al actual director sin afectar su salario y de una conversación en la que él mismo me alentó a hacerlo. Vinieron momentos difíciles pero luego pasaron cosas increíbles. Con recursos limitados, pero mucho trabajo, la agencia empezó a aparecer entre las más creativas del país, entre las más efectivas del mundo, entre las más admiradas por los clientes. Ahí quedaron los registros.

Queda claro que los grandes proyectos no toman forma de la noche a la mañana y que los seres humanos son el más grande activo de las empresas, por lo tanto, lo mínimo que merecen es respeto y un trato digno. Eso lo saben hasta los directores de recursos humanos, pero es mucho más sencillo postearlo en sus redes que aplicarlo.

Dejo un par de interrogantes sobre la mesa.

Si hay periodo de prueba para los empleados ¿no debería haber también un periodo de gracia en el que los empleadores no puedan despedir después de contratar? Si un empleado no terminó ajustándose al perfil que buscaba la empresa ¿No es también una falla por la que los involucrados en el proceso de selección deberían responder? ¿Sirven entonces tantas pruebas absurdas y filtros? ¿Qué responsabilidad asume la empresa por reclutar a un empleado y devolverle a la sociedad un desempleado?. Uy! ¿viste ese OVNI?

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Freddy Méndez

Director Creativo y Fundador de LA*LIBERTY 

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