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COLUMNA. De hacer algo valiente uno nunca se arrepiente

En esta columna, Álvaro Meléndez, anterior VP Planner de la agencia Ogilvy Colombia, nos revela esa valiente decisión que tomó en su momento su presidente Mauricio Barriga, al renunciar a un cliente poderoso.

Vivimos en tiempos convulsos e inciertos, se ve gente, empresas y países enteros corriendo de un lado para otro como gallinas sin cabeza. El ayer es una pesadilla con ganas de repetirse y el futuro ese sueño que parece que no va a pasar de sueño. El presente parece inexistente, nadie lo mira, y pasa sin pena ni gloria porque de los tres tiempos se esconde como el menos importante. Cosa rara esta, porque es el único tiempo que podemos moldear a nuestro gusto. Es una observación tan básica que parece boba y sin embargo me la repito y me sorprendo. ¿LLegó por fin el momento de ser valiente? y ahora…

¿Por qué es tan difícil mantenerse en el presente?

Hay muchas teorías al respecto pero yo tengo una propia: Huimos porque somos perezosos y estar en el presente requiere trabajo, responsabilidad y valentía. A mi me es difícil, me frustra, me cansa, me cansa mucho y hasta me aburre. Pero a veces también es todo lo contrario. Cada experiencia confirma el poder que nace de estar aquí.

Les voy a contar una historia: Somos una empresa que brinda servicio especializado y que depende totalmente del talento y el compromiso de las personas para cumplir con su trabajo. Con nuestros clientes tenemos relaciones de confianza e incluso me atrevería a categorizarlas como amistad, ellos valoran nuestro aporte para el éxito de sus compañías y nosotros trabajamos duro para que así sea.

Un miércoles común en noviembre del año pasado Mauricio Barriga, me llamo junto al resto del equipo directivo a su oficina. Con la cara que esculpen las noches de poco sueño nos miró a los ojos y nos dijo que pensaba renunciar a uno de nuestros clientes más grandes. ¡PÁNICO! Desde inicio de ese mismo año este cliente nos contó que iba licitar la cuenta, y el proceso llevaba ya ocho meses de trabajo y desgaste sin fin a la vista y de adelante para atrás, dando tumbos poco claros. Podíamos ganar y podíamos perder, el pasado había sido bueno pero el futuro era cualquier cosa.

De lo que decidiera este cliente dependían treinta familias nuestras y la opción de seguir esperando lo mejor, divagando en el futuro, era cómoda y tentadora. Recuerdo claramente las palabras de Mauricio: “Hoy vamos a tomar una decisión por el respeto que merecemos como personas y por el respeto que merecen todas las personas que han sacrificado mucho para hacer un trabajo excepcional cada día, vamos a ser valientes y cambiar esta realidad”. Los que estábamos en la sala con él, nos miramos incrédulos, nos llenamos de miedo por el futuro incierto y decidimos apoyar la decisión con unanimidad.

En mi vida profesional es la decisión más difícil que he apoyado y también la más satisfactoria. El futuro siempre será incierto pero el presente es el que queremos y en ese momento decidimos tener un presente en el que las personas son más importantes que el dinero y los valores se hicieron inquebrantables. El cliente se fue, nuestra empresa creció con clientes nuevos y comprometidos con nuestra forma de ser y de trabajar, hoy tenemos mejores clientes y más amigos. Ese día de noviembre nos mantuvimos en el presente, cambiamos nuestra historia en ese instante, trabajamos, asumimos la responsabilidad y fuimos valientes.

Nota: Estoy seguro que John Raúl, Mariana, Edgar, Juan Pablo y Fabio tampoco olvidarán la lección que ese día nos dio Mauro.

Álvaro Meléndez
Head of North America and The Caribbean, Grupo DOT

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