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COLUMNA. Adicción a las redes sociales

Hoy Lina María Echeverri, en su columna Más que marcas, le revela a los lectores de Ultravioleta información de gran importancia, que les resultará útil para saber qué tan buen uso están haciendo de sus redes sociales.

Si nos pusieran a elegir entre la necesidad de internet y la necesidad de agua creería que la balanza giraría hoy hacia internet. Recordemos que internet llegó a nuestras vidas a inicios de la década de los 90, es decir, estamos por cumplir 30 años navegando sin precedentes en la web.

Con la llegada de internet, los buscadores eran el escenario ideal para descubrir nuevos conocimientos y nuevas realidades. Unido a ello, llegó el concepto de “chat” que nos ofrecía una nueva experiencia para interactuar durante horas con conocidos y desconocidos. No existían aplicaciones, se utilizaban programas o sitios web para dedicar un gran espacio de nuestra agenda a “chatear” de forma sincrónica o asincrónica. Recordemos ICQ, AOL Instant Messenger y MSN Messenger que marcaron la vida de la generación “X” y “Y”, motivando una nueva forma de interacción social en medios digitales que se medía por la calidad de las conversaciones.

Con el cambio de milenio comenzaron a tomar fuerza las redes sociales y las plataformas de mensajería. Escenarios de interacción que buscan promover conversaciones, generar contenido y acumular seguidores. Hoy son parte de nuestra cotidianidad y es tan fuerte nuestra adicción a las redes sociales y a las plataformas de mensajería que en ocasiones creemos que han estado toda la vida con nosotros.

Las redes sociales se han convertido en una extensión de nosotros mismos, no importa si pertenecemos a una o a cien, llevándonos en ocasiones a sorprendemos cuando alguien nos dice que no tiene una red social, como si fuese un fantasma digital a nuestros ojos. En nuestra ceguera digital creemos ingenuamente que la brecha se ha reducido, pero la realidad es otra, dado que solo el 42% de la población mundial utiliza las redes sociales.

No existe distinción entre el entorno offline y online, porque hemos trasladado nuestra vida al universo digital. Y son precisamente las redes sociales y las plataformas de mensajería las que se han consolidado como nuestro séptimo sentido. Desde su creación, las estadísticas evidencian cuáles redes sociales se destacan a nivel mundial en el 2018:

Figura. Usuarios de redes sociales y plataformas de mensajería

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Fuente: Adaptado del Informe Digital de We Are Social en colaboración con Hootsuite (2018).

Las cuatro redes sociales y plataformas que se exponen en la figura son las más populares en Colombia. Sin embargo, el orden es diferente donde la primera posición se mantiene Facebook, en segunda posición WhatsApp, seguido de YouTube y permanece Instagram (MInTIC, 2018).

Frente a estas estadísticas podríamos inferir que el uso y la adicción son variables directamente proporcionales. Habría que abordar a profundidad si la afirmación anteriormente realizada es real. Cabe señalar que no hay absolutamente ningún problema con el uso de las redes sociales. Algunas personas las usan para verificar las actualizaciones de sus amigos y mantenerse conectados. Otras personas las usan para el entretenimiento o el trabajo.

El problema surge cuando una persona se vuelve adicta a las redes sociales dedicando tiempo excesivo en esas plataformas y permitiendo que este hábito afecte negativamente su vida marginándolo de conversaciones reales. Analicemos el caso de Facebook. No solo es la red más grande del mundo sino también la que mayor número de usuarios tiene en Colombia. Su fundador Mark Zuckerberg, señaló que en promedio, las personas destinan unos 50 minutos al día en Facebook, Instagram y también a la plataforma de mensajería. Bueno, 50 minutos al día no parece mucho. Debemos comprender que solo hay 24 horas al día, y una persona duerme alrededor de 8 horas, y esto significa que un 5% del tiempo de una persona promedio lo destina a Facebook. ¿Qué sucedería si adicionamos el tiempo que una persona dedica a otras redes sociales? Este indicador ser vuelve exponencial.

Aunque no existe un concepto formal sobre la adicción a las redes sociales como una enfermedad, el hábito negativo de su uso excesivo se ha convertido en un problema social. La adicción simplemente significa un comportamiento compulsivo que conduce a efectos negativos. Y en este caso, la adicción a las redes sociales se refiere a alguien que tiene un uso compulsivo y abusivo de ellas. Por ejemplo, existen personas que constantemente revisan las actualizaciones en Facebook o “acosan” a otras durante horas. Sin embargo, es difícil saber si alguien es un adicto a las redes sociales, pero si existen personas con comportamientos de sobrexposición, obsesión por seguidores o interacciones y dependencia por la reafirmación social. Por lo anterior, solo las personas reconocerán su adicción cuando descubran la carencia personal que tratan de ocultar.

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Columna: Más que marcas por @linaec

Lina María Echeverry, fundadora de PaísMarcaOBS

y directora de la Maestría en Marketing del Rosario

GSB Graduate School of Business.

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